Un pasado presidente dominicano, quien había aplicado una política de fronteras en extremo permisiva, visitó Haití en una ocasión y un atentado contra su integridad se puso en marcha, escapando a duras penas. Luego el país donó una universidad a Haití, y los haitianos la bautizaron con el nombre del tirano que invadió la parte este de la isla dirigiendo contra su población masacres y degüellos espantosos. La biblioteca de esa universidad donada, bautizada por el donante con el nombre de Juan Bosch, al día siguiente fue vandalizada por turbas de haitianos que borraron su nombre y fotografía. Cuando un terremoto asoló la parte sur de Haití, República Dominicana se desbordó hacia su vecino, siendo la primera y más consistente donante de ayudas, pero Haití prohíbe la importación de pollos y huevos de esta tierra, sin razones lógicas. El presidente dominicano actual ofreció hace poco a Haití colaboración para documentación de sus nacionales e incluso, en esta misma semana, poner los viveros del Ministerio de Agricultura a disposición de la reforestación del territorio haitiano, arrasado por su propio pueblo; esto ha sido respondido con una caricatura insultante en la portada del principal periódico haitiano, que ridiculiza la figura de nuestro presidente presentándolo embarrado de excrementos y plumas de pollo ofreciéndole su mano al presidente haitiano, mientras éste, con una sonrisa mordaz, le da el codo. ¿VAMOS A SEGUIR EMPEÑADOS EN NO VER LAS SEÑALES?
Publicado por Cibaonews.com
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