LA EFICIENCIA.- El populismo es bueno, pero no porque beneficia al pueblo, sino porque favorece la gobernabilidad mediante un engaño sano. La construcción de escuelas, por ejemplo. Se necesitaban aulas, y en cantidades suficientes, sin importar quienes las hicieran o los procedimientos de asignación. El gobierno decidió rifarlas entre ingenieros de a pie, garantizando transparencia, o repartirlas con amplitud, asegurando equidad. Es decir, que la administración se preocupó de la transparencia y de la equidad, y posiblemente sea una de las tantas manifestaciones de lo que nunca se había hecho. Sin embargo, las modalidades, en esencia, apariencia y práctica, fueron puro populismo. Y como todo populismo, el resultado no se dejó esperar o se hizo cuestionable. La lógica más elemental era imperiosa y apremiante. Con esa distribución tan justa y abierta, el gobierno alcanzaría su meta, y la falta de salas de clase se resolvería en un dos por tres. La verdad fue que no. La eficiencia no se compra con dinero ni se logra con voluntad. Como dice un refrán: La experiencia no se improvisa...
LA OPORTUNIDAD.- El presidente, persuadido de que puede llenar su cometido con equidad y transparencia, convocó al Palacio Nacional a los ingenieros favorecidos en rifas y repartos, puesto que no era elegante seguir dando boches por los retrasos. Además, quedó demostrado que los bochinches no resolvían el problema, ya que los atrasos se hicieron norma y no excepción. Era justo, entonces, escuchar las dos campanas, y a partir de las aclaraciones decidir nuevas líneas de trabajo. Aunque vale decir lo siguiente. Las autoridades fueron generosas y confiadas, pues no todas las excusas fueron razonables, y sin embargo, todos los ingenieros, sin distinción, consiguieron una segunda oportunidad. Que la merece todo el mundo, y más si se tiene en cuenta que el gobierno no las tenía todas consigo. Los solares, por ejemplo. La impresión es de que todo está resuelto, y difícilmente sea así. El amor y el interés nunca van de la mano. El interés del gobierno es fecha y el amor de los contratistas es dinero. Los once mil millones de pesos, aunque sean del Banco de Reservas, son palomas que andan volando...
LA DIFERENCIA.- La transparencia y la equidad harán la gran diferencia y serán responsables de los atrasos, que desde ahora puede decirse -- viendo los resultados -- que serán subsiguientes y reiterados. El ingeniero de a pie merece oportunidad de trabajo, pues también tiene derecho a llevar comida a su mesa. Sin embargo, la comparación se impone y no puede calificarse de odiosa. Ese problema de los atrasos pudo haberse evitado, si en vez de contratar a los ingenieros de a pie, se hubiera hecho negocio con las grandes constructoras. Las que tienen equipos, personal y recursos, y no se diga experiencia. Pulpos en el peor sentido de la palabra, pero que por sus muchos brazos la eficiencia forma parte de su oficio. Profesión, debiera decirse. Al ingeniero de a pie o a las compañías pequeñas hay que buscárselo todo, como los niños que para tomar el seno hay que cargarlos. La diferencia, la gran diferencia. Las de a verdad con el solo compromiso de pago basta. Lo tienen todo, incluyendo el crédito...
REFERENTE.- El gran referente de gobierno a la hora de construir es Joaquín Balaguer, y lo es porque no privilegiaba la equidad y la transparencia, como la actual gestión, sino el resultado de la obra hecha a tiempo. Las intimidades nunca se conocerán, pero si los procedimientos. Balaguer construía con su palabra, que la empeñaba, y los contratistas de entonces, sus contratistas, confiaban en ella. La fama, su fama, era de que la modalidad que aplicaba era El Fiao. Pudo haber queja por falta de pago de parte de los ocasionales, pero no del selecto grupo de sus favorecidos. Que no lo eran tanto, si se piensa en los riesgos en que incurrían, como poner a disposición sus buenas relaciones con los bancos.
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