
Por Amable Grullón
El más deprimente de los espectáculo de la sociedad dominicana de estos días es el negocio que un grupo a ha montado con los libros de textos para la educación de este país.
Un negocio macabro y redondo que años tras año engulle la economía de las familias dominicanas y con la anuencia y la tolerancia de quienes se benefician de ese negocio de múltiples formas.
Hablemos de los útiles educativos, el pago de las inscripciones de colegios. Hablamos del inicio de la clase a final de mes para cobrarle el mes completo a los padres de los Estudiantes,.
A esto se agregan los cambios de los libros de textos para que los libros que deja el hermanito o hermanita más grande no le sirvan al pequeño.
Tampoco le sirven los beneficios de los libros usados, cuyo mercado se había convertido en un salva vida de las familias de escasos recursos.
Lo que más bien se daba era un trueque entre el estudiante o el padre del estudiante y las librerías, donde la diferencia era muy escasa y se retroalimentaba el negocio. Obviamente, los dueños de super negocio, es decir, las editoras que a fuerza comisiones y sobornos imponen so voluntad se salen con la suya cambiando los libros en componenda con muchos dueños de colegios.
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