Desde que ocurrió el hecho, Gil no se ha despegado ni un instante del hospital, pese a que solo tiene permitida una breve visita al día.
Señala que ella y sus familiares aprovechan esos escasos minutos para darle ánimo al joven, quien se deprime por el estado en que se encuentra.
“Nosotros no le hablamos del suceso porque eso lo puede perturbar. Hay que estar cien por ciento positivos, darle ánimos, y decirle que todo está bien”.
Como fiel creyente en Dios, Gil manifiesta que las oraciones por su hijo no han cesado y con su biblia en mano, agrega: -Dios no se ha movido de ahí y yo sé que sus ángeles lo cuidan y están cerca de él”.
Los familiares de Francis aseguran que por el momento no han recibido ninguna ayuda del Gobierno, pero que tampoco les interesa. Lo que sí han echado en falta es una disculpa por parte del jefe de la Policía Nacional que en el primer momento responsabilizó a Francis ante los medios de comunicación, pasando de víctima a victimario.
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